Educación para la salud mental.

Educación para la salud mental.

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La emoción, el autocontrol, la autoestima… Y otro términos tan ambiguos que desde la perspectiva de las personas que no están muy metidas en este mundo de la psicología, no dejan de ser palabras vacías que no llegamos bien a entender, y mucho menos a manejar.
Pues bien, tengo que informar al lector de que, la verdad, es que son términos que nombran procesos bastante complejos los cuales orientan en un alto porcentaje todas y cada una de las acciones de nuestra vida diaria, se trata de elementos que intervienen, influyen y modifican todas las tomas de decisiones y todas las conductas de todos los ámbitos de nuestra vida. Por lo tanto, podríamos decir que ignorar su existencia es en gran parte ignorarnos a nosotros mismos, y también que desconocer cómo manejarlos es condenarnos irremediablemente a la deriva de las situaciones.

Cada estímulo que procesamos las personas, ya sea externo o interno; una imagen, un pensamiento, la sensación de un movimiento, un olor, una frase, etc, lleva asociada una determinada emoción de mayor o menor peso que va a modificar, en diferente grado, la experiencia perceptiva de ese estímulo y la reacción que tengamos ante él. Por lo tanto, todo déficit de autocontrol y gestión emocional lleva hacia la variación de la conducta por acción de la naturaleza del estímulo, o del aprendizaje que se tenga sobre él, pero, sin embargo, toda fortaleza en este mismo sentido, conduce a la modificación de la respuesta según los valores y creencias de cada persona.

Cuando me preguntan si las personas somos seres racionales o no, les digo: -Sí, lo somos.- Pero cuidado al entender esto. La racionalidad entendida como establecimiento de premisas lógicas basadas en creencias no es suficiente para explicar esto, sino que se debe incluir el peso de la emoción en dicha premisa, viendo entonces cómo la acción será modificada en un determinado sentido. La emocionalidad no es contraria a la lógica de las acciones, es sumativa, es algo que llevamos incluido como especie, que compartimos con otras especies, y que no debemos anular, al igual que no debemos desatar. La consecución de los objetivos personales y el auto-perfeccionamiento como personas, pasa, inevitablemente, por el control emocional.

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No conviene tampoco contraponer el pensamiento lógico, creencia o premisa a la sensación emotiva, lo verdaderamente importante es entender que cada pensamiento lleva asociada una emoción, su naturaleza es capaz de modificar la emoción asociada a cada estímulo, pero esa misma emoción, a su vez, es capaz de verificar, anular o variar el pensamiento, así que lo que encontramos es un ciclo, un círculo establecido sin comienzo o final claro que se varía constantemente según los estímulos, los pensamientos, las conductas y las emociones.

¿Y qué nos cuenta este ciclo? Nos cuenta una cosa tan importante como que hay tres puntos donde incidir para corregir nuestro malestar, que nuestra naturaleza nos ofrece tres opciones en vez de una para mejorar nuestra conducta de cara a los demás, nuestro perfeccionamiento personal y nuestra vivencia de ello. Y que cualquier acción de ignore alguno de esos puntos está destinada incorregiblemente al fracaso.

Existen, de hecho, reconocidas de forma general en la psicología actual, dos formas diferentes de definir la inteligencia según su función aplicada, encontrando así la referente a los procesos cognitivos más aplicados a resolución de problemas lógico-matemáticos, y la denominada inteligencia emocional, cada vez más tenida en cuenta para la comprensión de la situación de las personas en su entorno. Al margen de las distinciones técnicas que requeriría la explicación del ámbito de la inteligencia, mucho más complejo de lo que compete a este artículo, conviene señalar que el autocontrol es uno de los componentes de la denominada inteligencia emocional, la cual, en definitiva, no es más que la capacidad de detectar, analizar y gestionar emociones propias y ajenas para la correcta adaptación a diferentes situaciones, clave para conseguir una adaptación satisfactoria al entorno y para establecer unas relaciones sociales sanas y duraderas.

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Ahora, llegados a este punto, muy bien, he descubierto el papel de las emociones, su importancia y quiero aumentar mi control sobre ellas, ¿Cómo lo hago? Pues en primer lugar, el punto de partida es saber reconocer cada emoción y cada situación en la que me aparece asociada; identificarla, analizarla y comparar con la situación ideal que me gustaría encontrar. Además, teniendo en cuenta el ciclo descrito de pensamiento-acción-emoción, es importante basar toda nuestra actuación en un sistema de creencias equilibrado, que fomente la aparición de emociones positivas y genere auto-refuerzo con las mismas. No se trata de una tarea fácil, requiere ayuda, voluntad, intención, entrenamiento consciente y, en ocasiones, aprender conductas distractoras que faciliten el cambio, pero una cosa es segura: La mejora es posible, probable y satisfactoria.

Toda persona se siente realizada, auto-reforzada, cuando consigue sus objetivos, hecho que es muy fácilmente perceptible en este tipo de cambio; Incrementa la autoeficacia percibida, la identidad de presentación social, y disminuye, muy probablemente, las diferencias entre el yo real y el yo ideal, por lo que supone un aumento en la autoestima de la persona. Y esto, sumado a la mejora general de la vida diaria, con la mejora asociada de las relaciones sociales y aumento de consecución de objetivos ligados a las mismas supone un importante factor de protección frente a desequilibrios emocionales y ansiosos, además de un gran elemento a favor de una cosa tan difícilmente explicable y tan deseada por todos como es la felicidad.

Pero es que la felicidad no deja de ser, de nuevo, un término que, aún complejo, tiene un gran porcentaje de emoción, de percepción subjetiva referida a la emoción propia de cada uno. Otra vez emoción, sentimiento, emoción y un poco más de emoción. Si me he explicado bien, después de leer esto tendrás una idea un poco más acertada de cómo mejorar como persona y de cómo continuar tu camino hacia la felicidad, sólo te animo a que no pares, a que sigas caminando. No podemos evitar sentir lo que sentimos… ¿O sí?

Carlos Velo.
Equipo Respeta 2014.

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